abril 21, 2021

COP-26 Ibero-America Earth Day Summit Palabras de Orlando Jorge Mera, Ministro de Medio Ambiente de República Dominicana

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Distinguido señor,

John Kerry, Enviado Presidencial Especial Para el Clima

Nasry Asfura, Alcalde de Tegucigalpa

Juan Verde, Presidente del Advance Leadership Foundation

Mauricio Claver-Carone, Presidente del Inter-American Development Bank

Sebastián Navarro, Enviado Global para la Ruta Santiago-Glasgow y Secretario General de CC35

Señoras y señores,

Cuando nos encontrábamos inmersos en la crisis provocada por los efectos del cambio climático en el Planeta, nos sorprendió la pandemia de la COVID -19, colocando a prueba la capacidad de la humanidad para enfrentar dos fenómenos que pueden desembocar en catástrofes de dimensiones imprevisibles.

En nuestro caso, República Dominicana, la COVID-19 y la crisis climática colocan al país y a sus gobernantes en la obligación de preservar valores supremos y principios fundamentales como el bienestar social, la paz y el equilibrio ecológico, que, estatuidos en nuestra Carta Magna, pueden verse lesionados por ambos fenómenos.

Pese a que las advertencias sobre la crisis climática han circulado desde hace más de 30 años, la actividad humana, lejos de disminuir la contaminación por gases que la causan, ha duplicado su emisión a nivel mundial. De tal modo que sus efectos a largo plazo afectarán a todos los países, a unos más que a otros; pero al nuestro, sin dudas, en mayor proporción e intensidad, debido a nuestra condición de pequeño Estado insular.

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) identificó las cuestiones fundamentales que son únicas para Latinoamérica dada su geografía, estructura política y estatus económico, “nuestro modelo de desarrollo es predominantemente extractivo, crea disparidades y promueve la cultura del privilegio y la concentración de riquezas y la COVID-19 ha ampliado los problemas estructurales y vulnerabilidades pre-existentes de este modelo en Latinoamérica y el Caribe”.

Mientras Latinoamérica es la región que menos gases de efecto invernadero emite (menos del 8.3% de los GEI, en el caso de República Dominicana un 0.06%), es, sin embargo, la región más vulnerable al cambio climático. En particular el Caribe.

Sectores claves como el turismo han sido gravemente afectados y, sobre todo, las mujeres. En el caso de República Dominicana, el Banco Central reportó una pérdida de 87.4% en el turismo de extranjeros durante el mes de agosto, comparado el dato con el mismo período del año anterior.

Mientras la mayor urgencia de los gobiernos es salvar vidas y medios de vida y a la vez asegurar un crecimiento rápido de la economía, tenemos que tomar en consideración otros factores como el medio ambiente.

República Dominicana está enfocada en alejarse de un modelo económico tradicional y en construirse un nuevo modelo pos-Covid, invirtiendo en:
• diversificación de la matriz energética para introducir 1 GW de energía renovable no-convencional;
• movilidad sostenible en áreas urbanas;
• economía circular, con la promulgación de la Ley de Residuos Sólidos en octubre de 2020 y un plan integral para la gestión de residuos a nivel nacional;
• desarrollo de nuevas áreas para turismo sostenible,
• una revolución digital, y
• en una bio-economía y soluciones basadas en la naturaleza.

Sin embargo, no podemos hacer todo esto solos.

Al igual que la Covid-19, el cambio climático no reconoce fronteras y requiere una respuesta internacional coordinada. El financiamiento privado representa una oportunidad, pero lo que estamos viendo es que, en el clima económico actual, la incertidumbre es lo último que los inversionistas desean al momento de hacer compromisos a largo plazo, y la transformación que debemos alcanzar indica que es necesario un reposicionamiento de activos a largo plazo. Por esto, es esencial impulsar mecanismos de mercado como una herramienta para financiar una recuperación verde y justa.

Igualmente, la cooperación en mecanismos de mercado, en virtud del artículo 6 del Acuerdo de París, puede reducir de manera significativa el costo de implementar las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC). Sin embargo, las negociaciones del artículo 6, que se supone finalizaran el año pasado, han sido postergadas otro año.

Hay muchas expectativas puestas en la COP26 respecto a escalar los mercados voluntarios, pero la urgencia de nuestra situación no puede esperar a estos resultados críticos. Necesitamos financiar la adaptación para ser más resilientes. El financiamiento de instituciones como el Fondo Verde del Clima (GCF por sus siglas en inglés) o el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), tiene un rol único para catalizar una recuperación verde y resiliente, no obstante, las modalidades de estas instituciones financieras y sus procesos todavía no son los suficientemente efectivos para solucionar los desafíos específicos del cambio climático, especialmente en Pequeños Estados Insulares (SIDS).

Los SIDS requieren no solo asistencia técnica sino también apoyo para solucionar las limitaciones en capacidad de recursos humanos.

Finalmente, la ausencia de coordinación entre fondos del clima, al igual que otros aliados multilaterales, ha impactado negativamente a los SIDS con gobiernos pequeños y muchos donantes están teniendo dificultades para adoptar y cumplir con los variados estándares y procedimientos de cada canal de financiamiento. Aparte de otras cargas, tener que gestionar múltiples donantes incrementa el costo debido al empleo de un personal mayor (usualmente internacional) que maneje cada régimen de cumplimiento.

La idea de que será necesario para todos trabajar juntos y que la acción colectiva es requerida, es de mucha importancia. Deberá existir alguna combinación de liderazgo de “arriba hacia abajo” a nivel político y de “abajo hacia arriba” impulsado por gobiernos locales, líderes comunitarios, universidades, solo por mencionar algunos.

El día de hoy, resaltamos que el país presentó su Contribución Nacionalmente Determinada 2020, documento que ha sido actualizado y consensuado con todos los sectores nacionales, comprometiéndose a la reducción de un 27% de las emisiones de gases de efecto invernadero al 2030.

Deseo aprovechar la oportunidad para destacar el apoyo incondicional de mi gestión como ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la República Dominicana, para propiciar las transformaciones sistémicas que sean requeridas a fin de que nuestra economía se dirija hacia la neutralidad de carbono, acorde con los objetivos del Acuerdo de París.

Cada pieza del rompecabezas que constituye la lucha contra el cambio climático es esencial. Estoy convencido de que lograremos superar esta doble crisis. Si lo logramos, las futuras generaciones estarán siempre agradecidas. Si fallamos, nuestros hijos, hijas, nietos y nietas nunca podrán olvidar lo que les hicimos.

Somos la última generación con la oportunidad de revertir esta crisis, así que manos a la obra.

Gracias.

21 de abril de 2021

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