febrero 6, 2022

Discurso del Ministro–Change The World Summit 2022

Señores:

Me siento muy honrado de poder compartir con todos ustedes en este importante foro sobre sostenibilidad y empresa privada, cuyo título “Cambiar el Mundo”, nos refiere quizás a algo utópico, ambicioso, inalcanzable.

Sin embargo, el deseo de cambiar el mundo es un motor para pasar del inmovilismo a la acción, cada uno de nosotros impactando, desde nuestro ámbito de competencia, para modificar patrones nocivos y aportar soluciones.

Esto es especialmente relevante cuando hablamos de sostenibilidad; definida históricamente como la capacidad de asegurar las necesidades del presente sin comprometer las de generaciones futuras. Para llegar a ser sostenibles debemos, por ende, imaginar un modelo alternativo de producción, de consumo, de relación con nuestro entorno. Y posteriormente, dar pasos concretos para minimizar nuestro impacto ambiental, desde lo individual, pero sobretodo como sociedad.

Hoy en día, hablar de sostenibilidad es hablar de cambio climático: el mayor reto que como humanidad se nos presenta porque representa una amenaza para las economías, los medios de subsistencia, la biodiversidad y la existencia misma de islas como la nuestra. La ciencia detrás de este fenómeno climático es compleja y multidimensional, pero nos alerta sobre varios patrones importantes a los cuales debemos prestarle especial atención.

Según el último reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, cada una de las últimas cuatro décadas ha sido sucesivamente más cálida que cualquier otra que le preceda y este ritmo de calentamiento no tiene precedentes en más de dos mil años. La influencia humana, específicamente las emisiones de gases de efecto invernadero de sus actividades, ha causado cambios en los patrones de lluvia, con mayor número de días secos consecutivos; el retroceso global de los glaciares; la acidificación de los océanos; la subida del nivel del mar; y eventos extremos de calor.

Para pequeños estados insulares como el nuestro, el incremento de la frecuencia y la intensidad de las precipitaciones fuertes, en conjunción con el aumento del nivel del mar, han significado importantes pérdidas económicas, humanas, de viviendas y cultivos. Al tiempo que nuestra economía depende de sectores altamente susceptibles al cambio climático, como son el turismo y agricultura, el costo de la inacción crece exponencialmente.

El país figura en la lista de los países más vulnerables al cambio climático, ocupando uno de los primeros quince lugares, mientras Haití ha permanecido en los primeros tres lugares durante las últimas dos décadas. Los desastres repercuten no solo en el sector turismo y agropecuario, sino también en la cantidad y calidad del agua, con la salinización de las reservas acuíferas por la subida del mar; los ecosistemas costeros-marinos, cuyos arrecifes de coral se encuentran en condición crítica debido al aumento de la temperatura del mar; para el sector forestal y el sector salud, entre otros.

En el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tomamos estos datos de forma muy seria y creemos que la ciencia es la base para la formulación de políticas públicas ambientales. La visión a largo plazo que guía nuestro trabajo es clara: “queremos una República Dominicana resiliente al clima, que crece en armonía con el medio ambiente y gestiona efectivamente los riesgos del cambio climático”. Esta visión es coherente con la Estrategia Nacional de Desarrollo, el Plan Nacional de Adaptación, nuestra Contribución Nacionalmente Determinada, y otros instrumentos de planificación de mediano y largo plazos, que indican el camino a seguir en materia de sostenibilidad y cambio climático.

A pesar de que en términos absolutos la República Dominicana registra un porcentaje ínfimo de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, con tan solo un 0.06%, la tendencia al alza en sectores como transporte, energía y manufactura debe ser observada. Nuestra tarea es doble: debemos adaptarnos a los efectos del cambio climático, a la vez que reducimos nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, garantizando el cumplimiento de nuestros compromisos internacionales; en específico la meta de reducir nuestras emisiones en un 27% al 2030.

Sin duda alguna el sector privado tiene un rol protagónico en la consecución de estos objetivos. El empresariado aporta a la conversación y a la acción climática desde su expertise en prácticas sostenibles, con su talento, ideas innovadoras, financiamiento e influencia en la ciudadanía. Durante la pandemia, el sector privado y el Estado dominicano demostraron gran capacidad para superar las adversidades mediante el diálogo; con acciones contundentes a la par de la emergencia sanitaria y de forma expedita; y sobretodo, mediante la confianza.

Este modelo de trabajo en equipo es replicable al enorme desafío de garantizar un desarrollo económico sostenible, que mitigue y se adapte al cambio climático. Para esto estamos trabajando en las siguientes acciones, con el involucramiento o liderazgo del sector privado:

• Fortalecimiento de todos los espacios de concertación entre el Estado y el sector privado, como las mesas de articulación empresarial organizadas por Fundación Popular, con el apoyo del PNUD, y en colaboración con el Ministerio y el Consejo Nacional de Cambio Climático. Resultado de estas mesas se ha priorizado conectar la plataforma “Empresas Sostenibles” con el Sistema Nacional de Medición, Reporte y Verificación, con el propósito de que los recortes de emisiones voluntarios del sector privado puedan verse reflejados en la contabilidad sobre financiamiento de acción climática, de forma organizada y sistematizada.

• Establecimiento de un liderazgo a nivel internacional para movilizar fondos de los países desarrollados y de entidades financieras multilaterales hacia la acción por el clima en pequeños estados insulares. Durante la COP26, República Dominicana junto a otros países abogamos por financiamiento para pérdidas y daños, a fin de cuando suframos el embate de eventos climatológicos extremos, existan fondos para la recuperación.

• Una política de reforestación y restauración agresiva que busca revertir años de daño medioambiental, ausencia de fiscalización y el embate de la ampliación de la frontera agropecuaria en ecosistemas frágiles y vitales para la provisión de servicios ambientales tan básicos como el agua. Este enfoque en restauración es una de las políticas esenciales para la mitigación por el potencial de captura de carbono de los bosques, y para adaptación, ya que una mayor cobertura boscosa, incluyendo vastas hectáreas de mangle, nos hacen más resilientes ante tormentas y desastres.

• Proyectos de cooperación internacional como “El Seibo Resiliente” con financiamiento de la Unión Europea y el Ministerio Federal Alemán de Cooperación Económica y Desarrollo. Este proyecto interviene en el municipio de Miches, una de las localidades del país más vulnerables a los efectos adversos del cambio climático; y tiene dos objetivos principales: mejorar la preparación para la reducción del riesgo de desastres en la provincia El Seibo, y el segundo, incrementar el uso sostenible y rehabilitación de ecosistemas costeros y terrestres y su biodiversidad. Junto a la Asociación de Hoteles y Turismo de El Seibo y Miches, PROMICHES, estamos desarrollando una oferta turística responsable con la biodiversidad, que incluye el monitoreo y protección de tortugas marinas en estado de peligro en Miches. En este proyecto, el involucramiento del sector hotelero y turístico ha sido un elemento diferenciador, entre el éxito o fracaso del mismo.

Como este, queremos cientos de proyectos alrededor del país, con equipos de trabajo conformados por el Ministerio de Medio Ambiente y empresas dispuestas a contribuir a los cambios necesarios en las comunidades donde operan.

Por otro lado, la Republica Dominicana jugó un papel importante en la COP26, y como punto focal de la Convención Marco de las Naciones Unidas, desde el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales estaremos dándole seguimiento al cumplimiento de los acuerdos arribados, canalizando financiamiento y fortaleciendo alianzas con líderes mundiales y empresas en temas ambientales.

Como he expresado anteriormente, el empresariado dominicano es co-protagonista de la implementación de las acciones que emanan de la COP26 y de los planes nacionales de cambio climático, y confiamos en ustedes para contribuir mediante sus ideas y esfuerzos en la mejora de los mismos. Estamos confiados que cada día más la República Dominicana se acerca a consolidarse como líder regional en estos temas, y esto no sería posible sin la participación del sector privado.

La sostenibilidad es un buen negocio. La pandemia mundial produjo un descenso transitorio de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero no afectó ni la tasa de aumento ni la concentración atmosférica global de estos gases, los cuales alcanzan niveles máximos cada año.

El cambio climático presenta nuevos e importantes riesgos para la competitividad, el clima de negocios y el desarrollo económico y social, por lo que la anticipación y prevención es a lo que debemos avocarnos de manera conjunta.

Me gustaría hacer un llamado a las empresas a que aprovechemos las oportunidades que la mejora de la capacidad de respuesta ante el cambio climático puede significar para todos los sectores productivos, y para el país en general. Transformemos estos desafíos en nuevas oportunidades de negocios en energía renovable, movilidad sostenible, ingeniería, finanzas verdes… demostremos, una vez más, que en República Dominicana el sector público y privado trabajan de manera mancomunada y sin detenimiento por un país que crece y lo hace de forma sostenible.

Muchas gracias.

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