septiembre 16, 2020

Intervención del ministro Orlando Jorge Mera en la X Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Medio Ambiente

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“Muy buenos días, buenos días a todos, desde la República Dominicana, distinguidas ministras, ministros y altas autoridades del medio ambiente de los países iberoamericanos, distinguidos representantes del principado de Andorra, presidencia pro tempore, señoras y señores, es un honor para mi en representación de la República Dominicana estar en la decima conferencia de ministras y ministros de medio ambiente en el marco de la conferencia iberoamericana.

Me permito, antes que todo hacerles llegar un cálido saludo de parte del presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, quien ha mostrado desde el inicio de su gobierno un compromiso férreo con el medio ambiente, los recursos naturales y los ecosistemas, no solo por nuestro país, sino por el mundo entero.

Esta conferencia se realiza en circunstancias difíciles para la humanidad como consecuencia de la pandemia del coronavirus y la crisis económica que ello ha traído para el mundo, por ello celebramos y asumimos esta declaración que estamos aprobando el día de hoy porque entendemos que es un paso fundamental en la reafirmación del compromiso de trabajar en post de la restructuración de las disposiciones existentes para hacer frente en los severos del cambio climático, es una realidad, los cambios se tornan cada día más drásticos e impredecibles, afectando la calidad de vida de nuestros ciudadanos en particular de la población más vulnerable lo que ejerce a su vez una presión en el aparato productivo y la sostenibilidad del desarrollo económico. Lo anterior nos empuja a revaluar constantemente el necesario balance entre gestión adecuada de recursos y riquezas económicas. Este es el camino que los tiempos nos han planteado, ante lo cual debemos responder con voluntad transparencia y consolidación de una agenda global común. En ese objetivo y citando un párrafo de la declaración es determinante, cito: “Reevaluar nuestra relación con la naturaleza para detener la recurrencia de eventos devastadores, repensando nuestros patrones de consumo y producción fortaleciendo el uso sostenible de los recursos y priorizando la inversión en la protección de la naturaleza para ayudar a impulsar economías mundiales”.

Hace nueve años cuando se firmó la declaración de Santiago se fijaron metas, anhelos y sueños en función de una atención unificada a un problema global como el cambio climático. Hoy ese anhelo se debe materializar en hechos que debemos asumir y gestionar responsablemente, pues estamos en un punto de giro de la historia, la oportunidad accionar y poder cambiar para mejor. El foro estamos celebrando coincide con procesos de mucha relevancia para la agenda que hemos planteado nuestra región de América Latina y el caribe a través de la aprobación de la agenda 2030 para el desarrollo sostenible, los países miembros de las naciones unidas, trazamos una ruta crítica, hacia una sostenibilidad del planeta, dicha sostenibilidad, va de la mano de la transparencia, como les comentaba al inicio, por ello destaco el acuerdo el acuerdo regional sobre el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el caribe, el llamado acuerdo de Escazú, esa es precisamente nuestra línea de acción: acceso a la información, participación ciudadana y justicia, el apego a la legalidad que nos confiere al mismo tiempo la capacidad de proteger el medio ambiente y emplear de manera responsable los recursos naturales. Por supuesto, existen oportunidades de mejora, con mayores niveles de compromiso de la dimensión multilateral, los estándares regionales, así como la promoción de crear capacidades y el asentamiento de una estructura institucional que permita formular mejores políticas públicas y tomar mejores decisiones.

Creo desde nuestra trinchera que debemos buscar con mayores empeños, intereses y acciones comunes y adoptar decisiones estratégicas. Es imperioso asumir compromisos concretos, definir objetivos específicos y crear instrumentos que nos pongan en camino hacia un desarrollo sostenible, sin esto definitivamente no habrá solución de fondo a los grandes problemas que hoy estamos atravesando.

República Dominicana, como pequeño Estado insular en desarrollo, es particularmente susceptible a los impactos del cambio climático, nos enfrentamos a circunstancias únicas como la vulnerabilidad a los desastres naturales o la dependencia a las importaciones, esto da lugar a un complejo conjunto de desafíos en materia ambiental y el costo de la inacción es significativo. En respuesta, debemos aumentar nuestros recursos para generar una educación ambiental adecuada no solo para las futuras generaciones, sino para los que ya estamos aquí con la responsabilidad de ayudar a nuestros pueblos con políticas adecuadas diseñadas para cambiar la mentalidad de que todo lo que nos rodea es abundante y nada se va a acabar.

Debemos de recordar que hace varios años nosotros éramos las futuras generaciones de la que se hablaba. Nos ha tocado vivir en carne propia los efectos devastadores de los huracanes y de severas sequía de igual forma y pese a las presentes circunstancias sanitarias que nos ha traído este 2020, el ciudadano dominicano ha hecho suya la responsabilidad de preservar nuestros recursos, utilizando su voz, su participación activa, para lograr una protección efectiva de sus áreas protegidas.

Parecería entonces que comenzamos a entender que aquí no hay más responsabilidades exclusivas, sino un deber colectivo. La preservación y el uso apropiado de nuestros recursos depende también del uso respetuoso que el ciudadano asuma, comprendiendo así que finalmente ese es el único legado tangible que puede ser traspasado de generación en generación, es nuestro deber, nuestro compromiso y así lo haremos, muchas gracias.

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